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NUESTRO LUGAR DE REFUGIO

«Y será aquel varón como escondedero contra el viento y como refugio contra el turbión» (Isaías 32:2).

Inmensos beneficios han venido a las naciones mediante reyes como David, profetas como Samuel, caudillos como Gedeón y estadistas como Moisés. Pero ¿qué son todos los hombres buenos al lado o comparados con AQUEL VARON Cristo Jesús?

Consideremos que:

I. NUESTRA VIDA ESTÁ EXPUESTA A TEMPESTADES.

  • Huracanes misteriosos por dentro que causan las más terribles confusiones de mente.
  • Insuperables tempestades de tragedia espiritual a causa del pecado.
  • Fieros ataques de enemigos humanos que calumnian, amenazan, etc.
  • Oleadas de prueba por pérdidas temporales, disgustos y otras aflicciones.

II. AQUEL VARÓN, CRISTO JESUS, ES NUESTRO LUGAR FIEL REFUGIO EN TALES TEMPESTADES.

  • Como verdadero hombre, simpatizando con nosotros.
  • Como Dios-hombre, dominando cada tempestad.
  • Como sustituto de los hombres, por El somos librados de la ira divina, en El estamos a cubierto de los ataques de Satanás. Con El superamos la prueba, por la feliz comunión que nos comunica, en El tenemos la victoria sobre la muerte.
  • Como Aquel que ha de venir. No tenemos catástrofes políticas o quebrantos sociales, pues El ha de reinar. El fin de todo esto está seguro: «He aquí viene en las nubes» (Apocalipsis 1:7).

III. PROCUREMOS REFUGIARNOS EN ESTE VARÓN.

  • Que El esté ante nosotros, interponiéndose entre nosotros y el castigo del pecado. Refugiémonos en El por la fe.
  • Procuremos que El nos cubra diariamente de todo mal, como escudo y protector (Salmo 119:114).

Aquellos que están fuera de Cristo tengan en cuenta que la tempestad se avecina, vengan a este refugio; apresúrense a acudir a este lugar seguro, es un lugar espacioso. Todavía hay lugar. Como en la cueva de Adulám pudo esconderse todo el ejército de David, Jesús es capaz para recibir ejércitos de pecadores, si me refugio bajo las alas del Señor en la gran tempestad, las aguas no pueden alcanzarme. ¡Que rían los necios su necia risa, y se burlen de Cristo, ordenando a los llorosos cautivos en Babilonia cantar uno de los cantos de Sión! Si, podemos cantar aun en las tempestades de nuestro invierno, con la esperanza del sol de la primavera y verano que está por venir. Ninguno de los poderes creados en el infierno o fuera del infierno puede avasallar la obra de nuestro Señor ni quitarnos nuestro canto de gozo. Regocijémonos, pues, en su salvación. Por la fe no tenemos que llorar, ni sentirnos tristes, ni caer, ni morir. – SAMUEL RUTHERFORD.

Un refugio de nada sirve si estamos afuera del mismo. La principal dificultad con muchos casi cristianos son sus propias obras, sentimientos y logros. Esto es estar al lado de afuera, poniendo el yo antes que Cristo. Nuestra seguridad consiste en refugiarnos en Cristo y que sea Él quien nos ampare de la tempestad. Debemos refugiarnos en El o Cristo no será nuestro lugar de refugio.

Los necios religiosos oyen hablar del lugar de refugio, pero nunca entran en el mismo. ¡Cuán grande es la locura de semejante conducta! Invalida a Jesús y su obra. ¿De qué sirve un techo a la persona que se sitúa fuera del mismo, o un bote a quien se hunde en el mar? El varón Cristo Jesús, aunque ordenado por Dios para ser refugio contra la tempestad, no puede cubrirnos si no estamos en El. Ven, pues, pobre pecador; entra mientras puedas; ocúltate en Él, ya que Él desea ampararte: fue ordenado como lugar de refugio y debe ser usado como tal: de otro modo, el mismo propósito de Su vida y de Su muerte sería hecho vano.

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